Digna de venerar

tu aura dorada te entibia

blancura fría, nieve divina.

El crepúsculo tu aliado,

te libera de la centinela.

Suspendida al compás del universo

luz rebelde frente al negro

presente en todo lo inmenso al mismo tiempo.

Humilde a la dignidad divina

siempre desde arriba

pero para abajo  mira.

De tu ombligo salen grietas,

caminos infinitos, que vuelven al centro

y del centro salen, dejando el surco del sudor.

Te envuelve un polvo brillante, y

tus raíces invisibles, ancladas en las mareas.

Almacigo de la energía.

…Inocencia etérea, incandescencia posesiva…

Luciana Chippano