“Sólo nos convertimos en lo que somos a partir del rechazo total y profundo de aquello que los otros han hecho de nosotros”.

Jean-Paul Sartre

 

Estaba inmersa en un mundo de mandatos y estereotipos consolidados, no sabía si era yo quien elegía o si elegían por mí.

No sabía si era yo la que decidía el rumbo de mi vida, o era un simple (o complejo) cumplir con las expectativas ajenas.

Tampoco sabía si el idearme de cada día era propio o falso.

¿Quién soy? es una de las tantas preguntas que me hice antes de comenzar a viajar.

Sentí que viajar me enfrentaría con situaciones desconocidas, con desafíos, encontraría personas nuevas y todo eso me acercaría a la respuesta que estaba buscando.

Por eso me zambullí en este drástico cambio de vida: dejar todo lo que había construido, para emprender este viaje hacia el conocimiento de mi misma.

¿Qué es para mi conocerme a mí misma?

Encontrar qué disfruto hacer, en qué me gusta invertir mi tiempo, con qué tipo de personas quiero compartir mi vida.

Qué es lo que haría para obtener dinero a cambio, por cuanto tiempo lo haría, en dónde me gustaría vivir.

Encontrar aspectos de mí que no me gustan e intentar cambiarlos.

Entender qué es lo que elijo y cual es esa parte en la que eligen por mi.

Sentarme en silencio frente a un árbol y escuchar mi corazón.

Regalarme momentos para descubrir cosas nuevas.

En fin, conocerme a mí misma implica llegar a ser libre, libre de elegir por mí.

Según Krishnamurti:

“El conocerse a si mismo significa, sin duda, estudiar las respuestas, las reacciones que uno tiene en relación con algo. Uno no puede conocerse a si mismo aislándose.

Nuestra tarea no es buscar lo incognoscible si no la de comprender la confusión.”

 

Durante mucho tiempo hice distintas terapias con el objetivo de encontrar alguna respuesta, pero como todo iba muy lento sentí que era el momento de emprender un viaje.

Y así fue como terminé subiéndome a un avión.

Cuando llegué a Madrid, sola, cansada trasvasada por la diferencia horaria que te lleva a no entender que es lo que tenes que hacer, no sabia si tenía que cenar, dormir, almorzar o hacer la siesta.

Pero a pesar de eso, me paré frente a la inmensidad de ese aeropuerto y me pregunté: ¿Quién soy?

La respuesta truncada.

Claramente, no sabía ni si quiera que tenía que hacer, menos iba a poder responder a semejante pregunta.

Pero sí entendí un pedacito de algo, me preguntaba si tenia que comer, dormir o pasear y nunca me cuestioné; ¿qué tengo ganas de hacer?, porque ineludiblemente esa otra pregunta me acercaría un poco a la gran pregunta de quién soy.

También me di cuenta que la ansiedad la tenia que empezar a trabajar.

Voy lento, pero de a poco entendiendo.

Estaba un milésimo mas cerca de la gran pregunta, porque ya ahora había entendido que antes de imponer lo que debería hacer, tendría que preguntarme “qué tengo ganas de hacer”, y eso me haría conocerme un poco más a mí misma.

El viaje continuó, estoy en una disco en Sevilla con un grupo de viajeros, escuchando reguetón, y yo me pregunto quién soy.

Otra vez, no era el lugar ni el momento.

Pero..¿tengo ganas de estar acá? eso me vuelve a acercar a mi gran pregunta.

Y así continuó el viaje.

Hasta el momento no sabía mucho de mi, pero tampoco sabía si la pregunta ¿quién soy? me la hacía adrede en lugares inadecuados.

Me paré frente a la Sagrada Familia y me pregunté quien soy, quizás ella lo podía saber.

Pero la incógnita seguía.

Me paré frente a la inmensidad del mar, recorrí la Alahambra, me subí a muchos aviones y bajé.

Conocí personas de paso y otras más en profundad.

Me enfrenté a preguntas que nunca antes me había hecho.

Me topé con espejos míos que me hicieron reflexionar mucho.

Personas que con solo estar, me dejaron en claro que es lo que no quiero para mi vida.

Otras con las que todo fluyó reencontrandome con mi parte divertida.

En fin, cada cual con su aporte hacia mi evolución.

Siguió mi viaje.

Me paré frente a la Torre Eiffel y me volví a preguntar, quien seré.

Pero nadie me respondió.

“comprenderse a uno mismo, requiere paciencia”

Krishanurti

Seguí, me subí a mas aviones, cambié de continente y llegué a Asia.

Me tomé un tren por 17 hrs sin wi fi en dónde realmente me encontré conmigo misma, entonces me pregunté muchas veces ¿quién soy? y pensé ahora lo sabré.

Este intento de saberme a mi misma no sólo está impulsado por el moverme de un lugar a otro, sino que también tiene que ir acompañado por el estar dispuesto, abierto a este viaje de autoconocimiento.

Y sigue mi evolución, conocí mucho de mí y estoy mas cerca de mi ser.

Este redescubrirme cada día sacando todo lo impuesto durante mucho tiempo dejando espacio para lo nuevo, me va acercando a esa gran pregunta que algún día me hice.

Aunque ya no se si esa gran pregunta viene de otra cosa impuesta, en realidad ¿seré alguien? o este reinventarme de cada día me mantendrán siempre en la búsqueda de mí misma.

Me gustaría saber que pensás sobre esta gran pregunta existencial.

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